
El kiwi tiene su origen en China y según algunos autores, también procede de la zona del Himalaya y de Japón Meridional. En 1845 un grupo de científicos descubrió la planta trepadora del kiwi en los bosques de la cuenca del río Yangtsé, en China.
En 1900 la planta del kiwi se introdujo en Inglaterra, y seis años más tarde, en Nueva Zelanda como planta ornamental. Poco a poco, la planta fue ganando prestigio y comenzó a cultivarse en la década de 1930, hasta convertirse su fruto en uno de los más apreciados productos neozelandeses. Gradualmente, este tipo de plantación se fue expandiendo por Europa, introduciéndose en Italia en 1971 y poco después en España. Por lo tanto, el cultivo del kiwi en Europa es muy reciente.
El kiwi (Actinidia Chinensis, Actinidia Deliciosa) es una fruta carnosa tropical obtenida del arbusto que recibe el mismo nombre. Es un fruto de forma ovoide cuyo tamaño, aunque variable, alcanza el del puño de una persona. La piel es marrón y aparece recubierta de una fina pelusilla. La pulpa es verde, jugosa, de sabor agridulce y muy rica en vitamina C, minerales y fibra. Presenta numerosas semillas negras de pequeño tamaño; en un solo kiwi se pueden contar hasta 220 semillas.
El kiwi se consume frecuentemente como fruta fresca. Cuando está verde, resulta leñoso y muy ácido. Sin embargo, si está muy maduro, es blando y demasiado dulce. Su momento óptimo de consumo es cuando pierde espontáneamente el pedúnculo y su piel es ligeramente elástica. Se corta por la mitad para extraer la pulpa con una cuchara. También es posible cortarlo en rodajas o dados, una vez pelado.
Además, se puede emplear como ingrediente en otras recetas, acompañando a diferentes platos, aunque generalmente con fines decorativos.
También se puede utilizar en la elaboración de mermeladas, sorbetes, granizados, cócteles, batidos y productos de repostería en general. En los últimos años tras el éxito del licor de manzana, el kiwi se está empleando para elaborar diversos licores, algunos de ellos sin alcohol.
Aunque menos frecuente, el kiwi también se consume cocinado, por ejemplo, rehogado en mantequilla. De esta forma o a modo de salsa, supone una adecuada guarnición para platos de carne.
SALSA DE KIWI:
Ingredientes:
30 gr. de mantequilla
30 gr. de cebolla picada
500 gr. de kiwi (cortado en cubos)
1 diente de ajo
1/2 taza de agua
1/2 taza de zumo de limón
1/2 taza de vinagre de manzana
3/4 de taza de azúcar.
Preparación:
En una cacerola fundir la mantequilla, agregar la cebolla, el ajo y dejar cocinar hasta que se acitronen. Agregar el kiwi en cubos, el vinagre, el azúcar y dejar cocinar hasta que se disuelva del todo el azúcar.
Dejar en el fuego hasta que se desbarate el kiwi y espese un poco.